Como comentaba en mi post anterior, este fin de semana estuvimos dando una vuelta por Cork. Aquí va un resumen un poco extenso de la visita.
Pues bueno, dicen que Cork y alrededores se están convirtiendo en estandarte de la gastronomía de irlandesa, así que para allá fuimos con afán de degustar la crème de la crème de dicha gastronomía. Ni que decir tiene que el viernes llegamos super-tarde, por lo que la mayoría de restaurantes estaban cerrados aunque ya le echamos el ojo varios sitios que tenían buena pinta, incluso vimos algún restaurante español, (Boquería, en Bridge Street) donde servían tapas. Al final tuvimos que conformarnos con comer en un take-away indio donde no tenían claro el tema de los grados de picante (o al menos yo si pido un plato slightly spicy no pretendo que me vaya a arder la boca toda la noche y parte del día siguiente).
Dejando a parte este primer tropezón, el sábado estuvimos de visita mañanera en Cobh, para luego dirigir nuestros pasos hacia el primer objetivo gastronómico del fin de semana: Kinsale. Varios compañeros de trabajo nos habían recomendado ir a comer ahí e incluso la guía de Irlanda que tenemos (del año 2000, por eso) se atreve a calificar sin ningún pudor a dicho pueblo como «capital gastronómica de Irlanda». La verdad es que el lugar está plagado de restaurantes y cafés que sirven todo tipo de delicias, principalmente marítimas al tratarse de un pueblo costero. Incluso vimos uno mixto irlandés/español (Vista, en el paseo marítimo) y por la mañana sirven comida irlandesa y por la noche tapas españolas. Por desgracia la mayoría de sitios abren sólo para la cena, así que entre los que habían abiertos elegimos el que mejor pinta tenía, uno que se llama Fishy Fishy Café (en Pier Road, no os pongo el teléfono porque no aceptan reservas, ni tarjetas de crédito, así de sobraos van), y acertamos de pleno. De entrante unos calamares rebozados que estaban de vicio (nos arrepentimos de no haber pedido más que un plato para compartir) y de segundo yo me pedí cod (lease en este caso bacalao, que curiosamente aquí cod puede significar también merluza) que estaba francamente. Bea y Carlos también quedaron satisfechos con sus platos así que nos decidimos a ir a por un postre para acabar de salir redondos de allí. Total de la broma 80 y pico euros, bastante bien de precio para la calidad que tenía la comida, eso sí sin vino, porque nuestros estómagos aún se quejaban del indio del la noche anterior y no queríamos arriesgarnos. Con vino se nos hubiera ido a más de 100 seguro, que ya sabemos como se las gastan aquí con los precios de las bebidas.
De vuelta a Cork dimos un paseo por la ciudad. Lo bueno de Cork es que toda la parte comercial está muy concentrada y puedes recorrertela en una tarde, así que estuvimos de eye-shopping y compramos alguna frusilería. Lo mejor, el English Market, que es un mercado de verdad con sus carnicerías, sus pescaderías, sus fruterías, etc. Todavía no hemos encontrado ninguno así en Dublín, lo más parecido sería el mercado que ponen en la calle Moore (donde da miedo entrar según a qué horas del día), pero no es lo mismo ni de lejos.
Por la noche intentamos entrar en un restaurante pijín de la zona de baretos pero estaba todo lleno. Al final, después de un par de vueltas acabamos en un tailadés moderno (Taste of Thailand, en Bridge Street) en el que a parte del ambiente fashion la comida estaba muy buena. 75 leuros, creo recordar, incluyendo media botella de vino esta vez. Y para acabar, a un pub donde tocaban música en directo a tomar unas Murphy’s, porque por allá abajo se lleva más la Murphy’s, que se fundó en Cork, que la Guinness.
El domingo amaneció un día de perros y básicamente decidimos volvernos para Dublín, y parece que hicimos bien porque aquí hacía un sol espléndido, que está continuando esta semana. Hoy he visto en el diario que mañana se esperan 23 grados de máxima, nos vamos a asar 😀



Al lío, resulta que antes de semana santa pedí unos libros a
Caldo de pescado: si sois muy cocinillas lo podéis hacer hirviendo restos de pescado junto con las cabezas de las gambas. Nosotros lo solíamos comprar en tetra-brick, aquí lo hacemos con un cubito de concentrado, pero ya hemos visto que lo venden tipo tetra-brick en un super y la próxima vez probaremos con ese. Cuanto mejor sea el caldo más bueno saldrá el plato, así que es importante el tema. Hacer una picada con un poco de caldo de pescado, los frutos secos y los ajos que quedan. Añadirla al resto del caldo y calentarlo. Poner el horno a calentar a 200º.

En esta época hiper-comercializada ultra-consumista los típicos huevos decorados se han sustituido por huevos de chocolate, pero la tradición es la misma. Por cierto que es una fiebre, los supers están a reventar desde hace semanas de huevos de todos los tamaños y la peña los compra como si los fueran a prohibir.
