(ya lo veníamos diciendo desde hace tiempo)

Web 0.666 beta

Padre, he visto el mal.

En la tarde de ayer, navegando infructuosamente por las inhóspitas y hostiles aguas del Averno en un intento de encontrar un lugar de desasosiego, donde descansar y hacer recogimiento durante los días en que celebramos la vida y muerte de nuestro señor que-ha-de-venir-a-redimirnos-de-nuestros-pecados- y-esperemos-que-sea-más-pronto-que-tarde-amén, vi el infierno pasar ante mis ojos. Sí, ya sé que para empezar nunca debí entrar en ese pozo ponzoñoso creado por el maligno, pero al fin y al cabo hay que conocer al enemigo para poder combatirlo más eficazmente.

Y, después de adentrarme en sus dominios, estoy consternado. Dicen que el mal puede tomar muchas formas, padre, y creo que en este siglo de decadencia moral éste ha tomado la forma de diseñadores web. Durante mi periplo de unas pocas horas, que se me hicieron eternas, vi pasar ante mis ojos todo tipo de pecados innombrables, desde cegadoras letras y fondos fluorescentes hasta tentadores formularios que me prometían el perdón eterno a cambio de mi sagrada tarjeta de crédito sin ofrecerme protección de ningún tipo (otro pecador), pasando por los hipnotizantes estandartes al viento, el irritante menú flotante, la insultante lápida de letra ilegible para llamar la atención del dios pagano google, … no puedo seguir, las voces en mi cabeza están empezando a gritar, y eso que todavía no he mencionado a los “intuitivos” portales de los ayuntamientos que salpican el bonito paisaje de la piel de toro.

Algunos lugares gozan del dudoso privilegio de incluir entre sus dañinas páginas casi todos los pecados capitales. Por no hablar de lo difícil que parece para algunos poner un calendario, gregoriano claro, para seleccionar fechas que funcione decentemente.

Y lo peor de todo, padre, es que muchos de los perpetradores de semejantes aberraciones se anuncian como sus orgullosos creadores, y tienen empresas con nombres acabados en palabras acuñadas en lo más profundo de los siete infiernos como “consultoría” o “desarrollo”. Aaaah, pena que ninguno de ellos tenga la palabra “diseño” entre sus máximas. Es que no hay vergüenza en este mundo?

Temo que yo ya estoy perdido, mi mente divaga entre giros infinitos de fotos animadas con flash y fechas del calendario que bailan y saltan hacia delante y hacia atrás, rebelándose ante los límites impuestos por el tiempo, el espacio y las variables de sesión que parece que nadie sabe usar. Incluso me están entrando ganas de insultar a alguien.

Por suerte, dicen que el bien y el mal siempre mantienen un equilibrio (paganos!) y puede que haya esperanza para mí, porque por cada diseñador web maligno tiene que haber por fuerza alguno bondadoso (por favor, aunque sea en proporción uno a diez).

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6 comentarios

  1. El JavaScript no hace daño, la gente hace daño 😉

    23/03/2007 en 7:29

  2. montx

    txm, tas fatal!

    26/03/2007 en 6:42

  3. txm

    Es que hacen daño a la vistaaaa.
    Lo que más me flipa es que estas cosas las hacen empresas que se dedican a ello. Que si te la hace tu sobrino que está estudiando un curso CCC de informática vale, pero que te cobren por hacerte eso…

    26/03/2007 en 9:47

  4. Martin

    Tienes que cambiar de alimentación, o dejar de visitar la feria SPANABIS.

    26/03/2007 en 12:23

  5. montx

    si adeu = siau, sólo te digo eso 😉

    26/03/2007 en 12:57

  6. txm

    Juaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
    Qué risas. Eso era para ponerlo en WTF

    26/03/2007 en 20:32

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