Pues tal como ha comentado ya txema, el viernes nos dirigimos la bonita población de Ballybofey, Donegal Co.
(Nota: Este es un post largo, y es así porque me da la gana, porque lo escribo yo en mi blog y porque más largo fué vivirlo)
Llegamos a mediodía, descargamos en el B&B, comimos y nos dirigimos a la tienda. Esta vez acudí a la cita yo sola. Se trataba de ajustarme el vestido.
– ¿Traes los zapatos y la ropa interior?
– Sí.
Me lo pruebo y ya noto los primeros síntomas, me empieza a doler la hernia. Un dolor intenso acompañado de mi habitual hipo. A la costurera le hace gracia. Empieza el baile. Coge de aquí, suelta de allá, la parte de atrás te la estiro/encojo… Empiezo a tener calor, sudores. Aguanto como puedo hasta que la señora coloca el último alfiler y le suelto que me tengo que sentar.
– ¿Estás bien?
– Sí, sólo tengo calor.
Me enciende el ventilador, y parece que funciona pero no, es tarde; le pido vehementemente que me quite el traje, que me lo quite!!… Efectivamente, ya no me encuentro bien. Estoy temiendo por el tinte… La señora llama apresuradamente a la otra chica que me ayuda a quitarme el traje con sus alfileres mientras ella sale corriendo. Al poco vuelve con una bolsa de plástico, de la que hago uso. No mucho, lo justo para morirme de la verguenza de haber podido. Me disculpo por el show y me voy.
Lo peor no es eso, lo pero es que a la hora y media tuve que volver a por el vestido ya arreglado. «¿Estas bien? -sí, sí mucho mejor.» Me disculpo de nuevo, ahora sí ya con la verguenza asomando, y vuelta a empezar. Me pruebo el traje y no me gusta como lo han dejado.
– Me lo piso.
– Pues más corto no quedará bien ¿de qué tipo es el suelo de la iglesia? ¿moqueta o parquet?
-¡¡¿¿??!! (me ahorro contestar lo de la iglesia) De piedra.
Me hacen desfilar por el parquet y llegamos a un acuerdo. Siguiente punto, el adorno que tiene que coser al vestido: no me gusta cómo queda. Así que empieza una conversación para besugos: yo le cuento cómo quiero que quede, y ella me contesta, algo, indescifrable; repítase el bucle hasta que la niña está más o menos contenta con el resultado. De locos. No descarto acabar recosiéndolo yo misma.
A pesar de todo, no fue una muy mala experiencia, las chicas fueron muy amables, deben estar acostumbradas a todo. Metieron el traje dentro de 2 bolsas a falta de una, importante detalle para que no traspase el color. Me regalaron un detalle (una liga con el lacito azul y una vela con olor a wedding day!! -que por cierto huele muy bien, como por otra parte era de esperar) y me pidieron que les enviara una foto de la boda. Para mí que creen que estoy embarazada, y dudan de que me pueda poner ese traje para entonces. Sí, ya sé, soy muy mala y muy malpensada… pero qué se le va a hacer, a mí me educaron así, a ver las noticias buscando qué es lo que no cuentan. Y eso es aplicable a todo en esta vida.
Conclusiones: Sabía que no me gusta comprar, sabía que sería difícil, pero sobretodo sabía que el pollo al curry no era buena idea 🙂
P.D: Martín, si has llegado hasta aquí no quiero quejas, quien avisa no es traidor.