Ya estamos en el séptimo mes, y Alan y yo seguimos bien, cada vez más incómodos pero bien: él sigue creciendo, y yo engordando.
Me parece mentira que quede tan poco. Hace nada me parecía que esto no me estaba pasando a mí. Siguiendo mi lógica aplastante, también me parece mentira que aún quede tanto. Ya estoy cansada de estar embarazada la verdad. Una no se acaba de acostumbrar a todas las molestias y limitaciones que acompañan. Sí, cuando el pingüino nazca se compensará todo, y mi cuerpo se encargará de que me olvide de todo lo mal que lo pueda estar pasando, vale. Compensará y con creces. Vale.
Pero mientras, aparte de fastidiarme con las molestias, hay muchas cosas que echo de menos.
He aquí una lista:
* Un buen carpaccio de ternera/atún
* Hartarme de sashimi
* Beber tónica
* Dormir boca abajo
* Ir de tapas de embutidos
* Un vermut bien frío en el paseo marítimo
* Una fideuà con allioli auténtico
* Que me hagan un masaje en la espalda que me deje para el arrastre
* Regar un saganaki con un blaco de rueda
* Ir a un parque de atracciones
* No tener que mirar qué endulzantes lleva cada bebida
* Champiñones crudos
* Un bocata de foie gras con queso
Estas son unas pocas cosas, para que quede constancia. No quiero que la memoria me juegue una mala pasada. Durante el año que viene me iré resarciendo de muchas de ellas. Hasta entonces, mejor no pensarlo mucho, ya tengo demasiado que ir pensando, decidiendo y preparando.









